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domingo, 17 de noviembre de 2013

51 Festival Internacional de Cine de Gijón (Día 2)



Ida, de Pawel Pawlikowski. Sección Oficial.
Pelo Malo, de Mariana Rondón. Gran Angular Ficción.
The Congress, de Ari Folman. AnimaFICX.
Sequence, de Carles Torrens. La Noche Innombrable.
Killer Joe, de William Friedkin. La Noche Innombrable.


Una maratoniana sesión de cine en cantidad pero no así en calidad para la primera jornada completa de festival por este año. Parecía una selección bastante obvia entre las opciones del programa para el día de hoy, pero sólo la última de ellas mereció el tiempo y la paciencia.


Ida, de Pawel Pawlikowski. Trailer.

Pawel Pawlikowski, reconocido director polaco afincado en Inglaterra que ha pasado por el Festival de Gijón en varias de sus ediciones anteriores (ganador con The last resort en 2000, retrospectiva en 2007 y clausura en 2011), concursa este año en la Sección Oficial con su último trabajo, Ida, película rodada en blanco y negro y ambientada en los años sesenta de su Polonia natal. Es una historia acerca de una joven novicia huérfana que sale del convento antes de tomar los votos para conocer a su tía Wanda Gruz, única familiar que le queda en la vida. Emprenden ambas la búsqueda de los restos mortales de los padres de la joven y el espectador con ellos la del aburrimiento y el tedio. Pawlikowski, habitualmente un narrador dotado e inquietante, es aquí coñazo e insoportable y convierte en excesiva la duración de una película que apenas llega a la hora y media de metraje. Las interpretaciones de las dos protagonistas son tan frías y desangeladas como todo el conjunto y hacen de Ida, que partía con altas expectativas, la primera decepción notable del certamen.


Igualmente decepcionante es la venezolana Pelo Malo, escrita y dirigida por Mariana Rondón. A partir de un argumento imposible (un niño que quiere tener el pelo liso como los cantantes), la película obtuvo recientemente la Concha de Oro en el festival de San Sebastián, un hecho que hacía albergar esperanzas sobre los méritos del filme pero que se esfuman rapidamente. Pelo Malo acierta a la hora de retratar el ambiente en el que viven los personajes, la ruina física y moral del entorno está descrita por la cámara de Rondón de forma brillante pero, en cuanto a los personajes, todos ellos sin excepción son desagradables, antipáticos y resulta imposible sentir cualquier empatía por ellos, por lo que pasado un tercio del metraje uno sólo desea que se ponga el punto final a sus andanzas. El mínimo conflicto argumental no avanza en ningún momento, lo poco que pasa es previsible y rutinario y no provoca ninguna reacción como no sea el hastío por tener que escuchar reiteradamente el puto "Mi limón, mi limonero" de los cojones con el que nos castiga sin piedad la directora. Pelo Malo forma parte de la sección Gran Angular (aún duele el cambio de nombre), por lo que no puede optar aquí a premio alguno. De lo contrario ya sabemos cómo se las gastan los jurados en todas partes.


Pelo Malo, de Mariana Rondón. Trailer.


Robin Wright protagoniza The Congress, de Ari Folman

Tengo prejuicios sobre la animación, lo reconozco, y es difícil que entre a ver películas de este género por propia iniciativa, aunque al final suelan acabar gustándome. Eso hizo que me perdiera Vals con Bashir en Gijón 2008 para recuperarla tiempo después descubriendo una historia terrible contada de un modo novedoso y fascinante. Su director, el israelí Ari Folman, lo es también de The congress, presentada ayer en Gijón dentro de la sección AnimaFICX. Folman se ha ido a Hollywood para rodar la adaptación de un relato del polaco Stanislaw Lem en el que ha mezclado animación con imagen real, para lo que ha contado con la presencia de Robin Wright, Harvey Keitel o Paul Giamatti, entre otros nombres consagrados del cine norteamericano. The congress es ambiciosa y excesiva y ello acaba jugando decisivamente en su contra. Si uno asiste con moderado interés al primer tramo de su osado argumento, en cuanto cambia al dibujo la cosa se tuerce irreversiblemente hasta niveles paroxísticos en una orgía psicodélica que se pretende apabullante y que lo único que consiguió conmigo fue sacarme muy lejos de la historia. Un relato, además, que parece tener múltiples desenlaces y hace interminables sus a todas luces excesivos ciento veinte minutos.


The Congress, de Ari Folman. Trailer.

La noche innombrable, presentada por el periodista Jesús Palacios, habitual colaborador del festival gijonés desde hace muchos años, traía incorporada esta edición la sorpresa de no desvelar el título de la película a proyectar. No obstante, la pista publicada en el periódico oficial del certamen el día anterior no dejaba mucho lugar a la duda sobre la misma.

Antes del pase de Killer Joe, dirigida por el oscarizado William Friedkin, otrora gran esperanza del cine americano de los setenta, se proyecto el corto Sequence, del cineasta barcelonés Carles Torrens, un ingenioso y brillante ejercicio de estilo, de impecable factura técnica, bien planteado, desarrollado y concluido, acerca de la paranoia colectiva que sufren los habitantes de un pequeño pueblo al tener un terrorífico sueño común. En cuanto al filme de Friedkin, rodado hace ya dos años pero todavía inédito en España, es la adaptación de la obra teatral de Tracy Letts que supone una mordaz y salvaje caricatura del profundo sur estadounidense, con hombres (muy) catetos y mujeres golfas, que se ven envueltos en un turbio asesinato para cobrar un seguro de vida y que acaba como el rosario de la aurora. Un reparto de lujo (Matthew McConaughey, Emile Hirsch, Juno Temple, Gina Gershon y Thomas Haden Church) para una cinta que provoca espanto y risas casi a partes iguales.



Killer Joe, de William Friedkin. Trailer.

sábado, 24 de noviembre de 2007

45 Festival Internacional de Cine de Gijón - Día 2



Sección Oficial. Cargo 200, de Aleksei Balabanov
Pawel Pawlikowski. My Summer Of Love, de Pawel Pawlikowski


La primera jornada completa del Festival de Gijón ofrecía tres títulos a concurso dentro de la Sección Oficial y el encuentro con el público de uno de los realizadores homenajeados en esta edición, el polaco afincado en Gran Bretaña Pawel Pawlikowski, con la proyección de su último trabajo, My Summer Of Love.



El pase del largometraje ruso Cargo 200, de Aleksei Balabanov, se vio precedido por el del corto español, también a concurso, Las Horas Muertas, de Haritz Zubillaga, ejercicio de estilo con vacuas ínfulas tarantinianas y alegóricas que se acaba quedando en muy poquita cosa.

Cargo 200 supuso una pequeña gran decepción. Uno de los títulos más interesantes en un principio de la Sección Oficial, con su presumiblemente brillante recreación de una época histórica y socialmente convulsa y su argumento escabroso y desasosegante, acaba convirtiéndose en apenas un panfleto tendencioso y maniqueo en sus objetivos y efectista, tremendista, sensacionalista y muchas otras cosas negativas y acabadas en -ista en su aspecto exclusivamente cinematográfico.

Fotograma de la película Cargo 200
Fotograma de la película Cargo 200

Balabanov tiene entre manos una historia real y decide no tanto narrarla como sacar conclusiones. Ocurre, sin embargo, que estas conclusiones son tan toscas y bastas como su estilo fílmico y todo en Cargo 200 tiene trazo grueso, desde esos escenarios urbanos y rurales ruinosos que tratan de ejemplificar la ruina del comunismo soviético, como sus personajes no menos ruinosos en lo moral que son, siempre según el discurso de Balabanov, una consecuencia de lo anterior. Resulta imposible tomarse nada en serio Cargo 200 por cansina, repetitiva y explotadora hasta la náusea de recursos facilones.

Emily Blunt en My Summer Of Love
Emily Blunt en My Summer Of Love

Pawel Pawlikowski tiene una carrera cinematográfica aún corta y que se centró en sus inicios en el campo documental. Su paso a la ficción se produjo a finales de la pasada década y con The Last Resort obtuvo el Premio a la Mejor Película en el Festival de Gijón. Pawlikowski vuelve ahora a la ciudad con motivo de la retrospectiva que le dedica el certamen y con su última realización, My Summer Of Love, una adaptación parece que muy libre de la novela de Helen Cross, según las propias palabras del director en el coloquio posterior. La maestría de su trabajo, sin embargo, permite afirmar que tal libertad en la adaptación literaria supuso un acierto.

Mona y Tamsin son dos jóvenes de extracción social opuesta que se conocen durante el verano más caluroso de la historia de Inglaterra e inician una relación con la que ambas buscan escapar de su frustrante realidad cotidiana. Sin embargo, tal como se revelará después, las motivaciones de cada una son muy diferentes. El estilo tranquilo de Pawlikowski encaja perfectamente en una historia contada con pulso y que contrasta profundamente con el estilo del filme comentado más arriba. Perfectamente punteada por la acertada selección musical, My Summer Of Love es un trabajo brillante que ennoblece cualquier filmografía.