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lunes, 24 de noviembre de 2014

52 Festival Internacional de Cine de Gijón (Día 3)



Fuego, de Luis Marías. Sección Oficial.
Cold In July, de Jim Mickle. Géneros Mutantes.
Hombres, Mujeres y Niños, de Jason Reitman. Sección Oficial Fuera de Concurso.


Al cine español se le ha acusado tradicionalmente, y no sin razón, de vivir de espaldas a la realidad del país, de encorsetarse en las cosas que funcionan (la comedia, especialmente de lucha de sexos) y también en las que no funcionan (la guerra civil y su posguerra, un lugar común casi siempre infundado porque en realidad pocas películas se han hecho que aborden directamente el tema, no digo ya que encima lo hagan bien). Sobre lo que podemos dar en llamar el conflicto vasco, un asunto que ha sido lamentable protagonista de la actualidad nacional durante casi medio siglo, se pueden contar con los dedos de una mano los filmes que lo han tratado abiertamente. Fuego se interna en él, o eso se anunciaba al menos, pero enseguida deja claras sus intenciones. No persigue la película de Luis Marías una inmersión en el problema etarra y su discurso sobre la inutilidad de la venganza se puede universalizar en el fondo a prácticamente casi cualquier época y situación.


José Coronado haciendo el mal en Fuego, de Luis Marías

Carlos, papel que interpreta José Coronado (hace diez años había unanimidad en decir que era una nulidad como actor, ahora parece haberla en considerarlo todo un titán: sospéchese siempre de estos extraños cambios de criterio), es un policía destinado en Bilbao que en 2001 es víctima de un atentado en el que fallece su mujer y su hija pierde ambas piernas. Su vida se detiene entonces y el salto temporal a la actualidad nos muestra a un hombre que pretende inmolarse en su planeado acto de venganza final. Y no destripemos más. El tema será universal pero el tratamiento es un poco a la española. O sea, diálogos impostados, intérpretes reguleros, tonillo al recitar y simpleza argumental para que nadie se pierda (bien reforzada con el imprescindible subrayado musical). Si encima se adereza con elementos de esos que "siempre funcionan" (personaje con discapacidad, graciosillo con acento raro), las posibilidades de que la cosa resultara mínimamente bien eran casi nulas. Por ello, tiene bastante mérito que el conjunto sea hasta cierto punto digno y que no moleste. Luis Marías, director y guionista, y Leyre Berrocal (no había vuelto a saber de ella desde... su debut en Éxtasis), participaron en el Encuentro con el público de los Cines Centro posterior al pase, mientras que Aida Folch sólo apareció en la presentación.


Fuego, de Luis Marías. Trailer.

Cuando apenas han pasado diez minutos de la estadounidense Cold in july se me empieza a cerrar el ojo. La película no tiene la culpa, hasta entonces Dexter (con bigote) se ha cargado de un tiro en la cabeza a un asaltante nocturno que irrumpe en su casa y todo va más o menos bien. Pero el sueño me impide enterarme de cómo sigue el asunto. Cuando vuelvo a la historia, un imposible conjunto formado por Sam Shepard (como el padre del presunto asesino que ha muerto pero no ha muerto), Don Johnson (como un detective estrafalario que tratará de localizarlo) y el propio Dexter se embarca en una peligrosa cacería. Jim Mickle, director del que el pasado año vimos aquí mismo We are what we are (también en la sección Géneros Mutantes), tiene estilo creando secuencias hipnóticas y algo menos cuando baja a la realidad. El universo snuff vuelve a ser retratado en pantalla de una forma bastante cutre, aunque sin llegar a los extremos de excrecencia de Asesinato en 8mm. Igual entre cabezada y cabezada me perdí lo mejor, no sé. Dejemos en suspenso la valoración y recuperemos la cinta por medios alternativos. Antes de Cold in july se proyecto Room 8, un brillante corto de nacionalidad polaca que cuenta con bastante estilo una historia pesadillesca.


Room 8, de James W. Griffiths


Cold In July, de Jim Mickle. Trailer.


Jason Reitman compitió en Gijón en el año 2007 con Juno, su segundo largometraje después de su debut en Gracias por fumar. Ganadora del premio del Jurado Joven, Juno fue uno de los títulos más disfrutables de aquella edición del festival y afirmó las carreras de Ellen Page y Michael Cera. Reitman se ha hecho un nombre desde entonces y ya totalmente afianzado en la industria norteamericana presenta ahora Hombres, mujeres y niños, película con inminente estreno comercial en las salas españolas. Como si de una puesta al día de American beauty se tratara, cuenta una historia coral protagonizada por cuatro familias con diferentes grados de disfuncionalidad en donde las comunicaciones sólo tienen lugar por medios electrónicos. Como reflejo de la incomunicación de los tiempos presentes puede resultar algo obvia, pero el caso es que todo funciona asombrosamente bien y la historia fluye de modo admirable. De Adam Sandler ya sabíamos que era un solvente actor dramático (véase la estupenda Punch-drunk love del palizas de Paul Thomas Anderson) y aquí lo vuelve a confirmar de nuevo. También Dean Norris demuestra que puede haber vida después del agente Hank Schrader y todo el reparto de jóvenes intérpretes realiza solventes creaciones. Emma Thompson pone la voz en off y encaja todas las piezas. La película forma parte de la Sección Oficial pero no compite, lo que está bien porque evita así que haya que buscar alguna justificación absurda para no darle premios (véase Mysterious skin, Gijón 2004).


Hombres, Mujeres y Niños, de Jason Reitman. Trailer.

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lunes, 18 de noviembre de 2013

51 Festival Internacional de Cine de Gijón (Día 3)



Ilo Ilo, de Anthony Chen. Sección Oficial.
We Are What We Are, de Jim Mickle. Géneros Mutantes.
Oh Boy, de Jan Ole Gerster. Rellumes.



Ilo Ilo, de Anthony Chen. Trailer.

A diferencia de lo sucedido en la irregular jornada anterior, en la presente se juntaron tres filmes más que estimables que consiguieron elevar sensiblemente el tono medio del certamen. El primero, a concurso dentro de la Sección Oficial, fue Ilo Ilo, una producción de Singapur dirigida por el debutante Anthony Chen ganadora este año en Cannes de la Caméra d'Or. Chen ha utilizado para su primera película material autobiográfico con el que ha tejido una historia cálida y humanista sobre la relación que se establece entre un niño problemático y la asistenta filipina que sus padres acaban de contratar. La progresiva influencia de la recién llegada sobre el pequeño provocará los celos de la dominante madre. Y todo ello en medio de una situación económica (la película está ambientada en 1997) cada vez más precaria.


We are what we are es el remake norteamericano de la cinta mexicana Somos lo que hay. Desconozco el filme original que ha servido como punto de partida pero la versión que ha dirigido Jim Mickle es un malsano y por momentos brillante relato de terror que escapa deliberadamente de la truculencia sanguinolenta durante la mayor parte de su metraje en un intento de buscar principalmente la inquietud y el desasosiego del espectador. La naturaleza del argumento se descubre poco a poco y el director consigue un adecuado equilibrio en la dosificación de esa intriga. Pese a la ausencia de sorpresas y giros imprevistos en el guion, We are what we are es un trabajo apreciable y más que digno en su género.


We Are What We Are, de Jim Mickle. Trailer.



Oh Boy, enmarcada en la sección competitiva Rellumes, ha sido la principal sorpresa del día. Repleta de referencias al mejor cine independiente norteamericano de los años ochenta, la ópera prima del alemán Jan Ole Gerster narra veinticuatro horas demenciales en la vida de su atormentado y desorientado protagonista en un Berlín magníficamente fotografíado en blanco y negro. Su referente más próximo y el primero que viene a la cabeza de cualquier espectador probablemente sea la célebre Jo, ¡qué noche! que Martin Scorsese realizara en el año 1985. Tal como sucedía en aquella, el protagonista (magníficamente interpretado por Tom Schilling) va saltando de una situación disparatada a otra sin solución de continuidad y cada pequeña aventura consigue mantener la unidad y el interés de todo el conjunto, cohesionado por esa recurrente taza de café que nuestro hombre parece condenado a no poder tomarse nunca y que actúa como brillante metáfora de su propia y desnortada vida. Oh Boy, bien recibida por el público presente en los Cines Centro, contiene también ecos del mejor Jim Jarmusch y es desde este momento una de las más firmes candidatas a llevarse el premio.


Oh Boy, de Jan Ole Gerster. Trailer.

El primer largometraje de Jan Ole Gerster narra veinticuatro horas decisivas en la vida de un joven berlinés a pesar de la aparente grisura de su existencia. Antihéroe por definición, Niko Fisher (Tom Schilling) frisa la treintena en progresivo desajuste con la sociedad que lo rodea. Su vida no le satisface. Ha abandonado sus estudios de derecho demasiado pronto y se siente abrumado por su burgués padre, de quien depende económicamente, pero al que no ha informado de su renuncia académica. Lleva una temporada bebiendo, quizá demasiado, para conjurar los demonios interiores. A lo largo de la jornada Niko intentará sustituir el alcohol con una buena taza de café. Algo tan sencillo sobre el papel empezará a antojársele misión imposible conforme avance el día, jalonado de dilatados aperitivos, problemas de dinero, holgazaneo a la deriva, postergación de obligaciones y encuentros imprevistos.

Cada una de las figuras que se cruzan en el camino del personaje principal coadyuvan, una tras otra, al dibujo de su retrato. Desde un psicólogo suspicaz con muy mala leche, hasta un superviviente de la Noche de los Cristales Rotos y un actor en pleno rodaje caracterizado de oficial nazi, pasando por una antigua conocida de atractiva apariencia, aunque obesa en los tiempos escolares, que siempre estuvo enamorada de él. Tales encuentros nos hacen oscilar del humor -en ocasiones desesperado- a la desilusión, de la risa a las situaciones conmovedoras.

Oh Boy presenta una ambiciosa construcción fragmentaria de naturaleza episódica. Resulta patente la afinidad del realizador hacia la poética semi-elegíaco-burlesca de Jim Jarmusch, junto a otros reconocibles influjos, como el desasosiego de ¡Jo, qué noche! (Martin Scorsese, 1985) o la espacialidad de Manhattan (Woody Allen, 1979). Sin dejar de lado su libertario sabor a Nouvelle Vague, tanto en el tono como en la caligrafía, lejos del academicismo y del realismo rigorista de buena parte de la cinematografía alemana.

El resultado final se gana nuestra voluntad gracias a su desarmante melancolía, la cual debe no poco a su inspirado actor protagonista, Tom Schilling, puro Salinger evolucionando sobre la cuerda floja de un Berlín en blanco y negro alejado de la estampa turística. Su prestación dramática proyecta un valor de intemporalidad rabiosamente libre, casi de portavoz generacional.

[José Havel, del periódico oficial del 51 FICXixión. 17/11/2013]