
Esta noche arranca en el Teatro Jovellanos la edición con más cambios de la historia reciente del Festival Internacional de Cine de Gijón. La primera novedad es el debut del nuevo director, Alejandro Díaz Castaño, que fuera elegido el pasado mes de marzo en aquel concurso que quedara esperpénticamente desierto en su primera convocatoria. El gijonés no es un novato en el certamen, en el que ya ejerció labores de programador entre los años 2009 y 2011 durante la etapa de José Luis Cienfuegos, con quien había seguido colaborando en los últimos tiempos en Sevilla. Se cierra así el ciclo de Nacho Carballo, que accedió al cargo gracias a las oscuras maniobras orquestales del entonces concejal de festejos del Ayuntamiento de Gijón, el funesto Carlos Rubiera. Carballo llegó anunciando muchos cambios que al cocer quedaron más bien en pocos o ninguno. Como la sección AnimaFICX, que los nuevos responsables han decidido con buen criterio mantener, y se le debe reconocer, además de la oportuna rectificación de sus iniciales deseos rupturistas, su notable empeño de los últimos años para que el Ayuntamiento de la ciudad se implicara decididamente en hacerse con el control de los Cines Centro, sede principal del festival, cerrados desde casi tres años y con un interminable proceso concursal que amenaza con acabar definitivamente con las únicas salas de cine que quedaban en el centro de la ciudad. Quizá esta implicación del actual co-director de la Semana Internacional de Cine de Santandar acabara minando sus buenas relaciones con los responsables políticos que le izaron al puesto hace más de cinco años. Quién sabe. Sea como fuere, el nivel de inglés primero y la elección de Díaz Castaño después han puesto fin definitivamente a una etapa en la que quizá el nivel de riesgo del FICX se rebajó respecto a las ediciones precedentes pero no hasta el punto de hacerlo irreconocible, como hubiera podido temerse en un principio.

Alejandro Díaz Castaño llega en un momento crítico del certamen. A los crecientes problemas económicos de los últimos tiempos se une que en esta edición no se podrá contar por primera vez con los mencionados Cines Centro y el festival se dispersa hasta límites casi imposibles. Jovellanos, Yelmo, Gijón Sur o Laboral están separados entre sí por kilómetros de distancia y los tres últimos están mucho más allá de lo que indicaría la palabra "periferia". No había más opciones porque esto es lo que sucede cuando se hace un festival de cine en una ciudad que no tiene cines pero no por inevitable es menos deprimente. Así las cosas, cuadrar los horarios se convierte en tarea ardua y en ocasiones imposible. Cierta torpeza programadora también contribuye a que incluso sin salir de los Yelmo no se pueda en algún caso combinar sesiones. Porque ya se sabe, hay tres tipos de personas: las que saben contar y las que no. La selección de títulos tampoco promete grandes alegrías y no encontramos en el programa equivalentes a Manchester frente al mar, Toni Erdmann o La doncella, por citar tres ejemplos del año pasado. En la Sección Oficial competitiva se publicita con especial énfasis Lucky, primer largometraje dirigido por el actor John Carroll Lynch y que ha supuesto el testamento cinematográfico de su protagonista, el gran Harry Dean Stanton. Lucky es una de las representantes americanas (junto con Did you wonder who fired the gun? y Patti Cake$) de una sección oficial en la que predominan nuevamente las producciones francesas y que una vez más acoge lo último del insufrible realizador coreano Hong Sang-soo, habitual en Gijón desde su retrospectiva en 2013. Quizá en esta On the beach at night alone no cuente la misma parida tres veces de tres formas distintas pero no apostaría mucho por ello. Y en 2017 ha dirigido otras dos más. Un no parar.
En cuanto al resto de secciones, en Rellumes tampoco hay nada que reluzca especialmente desde la distancia. Esbilla recupera su nombre original pero la selección parece tener un perfil bajísimo en el que sobresalen la británica How to talk to girls at parties, del sospechosísimo John Cameron Mitchell, y la alemana Western, candidata a los Premios Lux del cine europeo y dirigida por Valeska Grisebach, ganadora en Gijón 2006 con su película anterior, Sehnsucht. Enfants terribles, la mencionada AnimaFICX y Llendes siguen formando parte del cartel y las retrospectivas de este año están dedicadas a la catalana Carla Simon, directora de la estimable pero sobrevalorada Verano 1993, de la que se ofrecerán sus cortos anteriores, Elisa Cepedal y la austriaca Valie Export. Verónica Forqué, Isabel Coixet y el estadounidense Whit Stillman (miembro del Jurado Internacional) recibirán homenajes. En fin, poco glamour pero supongo que viene bien para ahorrarse quebraderos de cabeza cuando uno piensa en las distancias que separan las principales sedes y que no se ven paliadas con el cutrísimo refuerzo de autobuses para comunicar el Jovellanos con los Yelmo y viceversa.

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